San andres isla peatonal

 

Durante la dictadura del general Rojas Pinilla, en los años cincuenta, se trazó la Circunvalar de San Andrés, de la cual forma parte la actual Avenida Colombia.

Este frente del mar, de una impresionante calidad ambiental, había sido entregado al tráfico vehicular, creando una barrera de ruido y contaminación que privaba en gran parte a la isla del placer de este borde marino.

A través del proyecto de peatonalización de la Avenida Colombia, San Andrés ha recuperado poco a poco su espacio geográfico y con él su condición esencial: el mar, la playa y todo el entorno natural.

Para realizar la propuesta se eligió al arquitecto Lorenzo Castro y a su equipo de trabajo, quienes acreditan una valiosa experiencia en obras de recuperación de espacio público en Bogotá.

Con una longitud de 1.6 kilómetros, el Paseo de la Avenida Colombia en San Andrés le cambió la cara a la isla. La alameda, que bordea suavemente la playa, efectúa un vasto recorrido desde el inicio de la pista del aeropuerto hasta la Avenida Providencia.

Ahora dos andenes de dimensión variable y una calzada vehicular se transformaron en un solo espacio, compartido entre peatones y ciclistas.

El propósito de esta obra era, ante todo, la recuperación de 4.800 m2 de playa sobre toda la extensión del Paseo. Primero se eliminaron todos los obstáculos sobre el espacio público representados por las casetas, los quioscos y los techos de los locales sobre la Avenida Colombia y así recuperar el paramento de los edificios para incorporarlo al camino.

Luego se llevó a cabo el embellecimiento de lo que ya existía. Le sigue el englobe de predios mediante el desarrollo de un plan parcial para desarrollar óptimamente las propuestas hoteleras y los servicios públicos en el futuro.

La intención del diseño consiste en lograr un proyecto integral entre el mar, la playa y los edificios. Se consideró un recorrido de tramos largos que se amplía y se angosta (entre 8 y 20 metros) y en el cual se incluyeron los procesos de arborización, iluminación y amoblamiento del Paseo, en equilibrio con la naturaleza.  Por eso los materiales, los tonos, las texturas fueron escogidos cuidadosamente para lograr esa armonía entre arquitectura y medio ambiente.

El Paseo está definido por una plataforma básica, una superficie sencilla y continua en adoquín de concreto ocre jaspeado que resalta  maravillosamente el color del mar y de la playa y que además permite que el suelo ¿respire¿.

Sobre esta suerte de lienzo se empezó el trabajo de construcción del paisaje con especies nativas, una labor que se hizo en conjunto con la Universidad Nacional de San Andrés. Se sembraron almendros, con el ánimo de ir levantando una cortina de viento que sirva como protección para las otras especies. Se ubicaron además flamboyanes, palmas de coco, palmas reales, ceibas blancas, mangos y samanes que componen una fresca y verde columna vertebral.

En paralelo se llevó a cabo el trabajo de amoblamiento del camino. Para ello se escogieron materiales sostenibles en el tiempo y de fácil mantenimiento. Hay tres elementos esenciales que son las pérgolas, las sillas y los muretes. Se distribuyeron tres pérgolas a lo largo del Paseo, construidas en madera teka y cuyo propósito es crear un lugar de sombra para los peatones. Estas instalaciones tienen una malla de cable para suspender desde allí objetos. La idea es involucrar a los habitantes para que participen con su creatividad en la decoración de las pérgolas y se apropien así de ellas.

Las sillas, otro elemento fundamental en el amoblamiento de este espacio, se diseñaron de dos tipos: las que van unidas a los muretes, fundidas en aluminio y revestidas en madera teka, y las típicas de parque también con base de aluminio y madera teka.

Están por último los muretes en concreto, que en algunos casos, como ya vimos, sirven de base para las sillas y, en otros, separan la playa del camino dándole geometría al Paseo y conteniendo el espacio, a manera de barreras contra la arena. Se tuvo mucho cuidado también con la iluminación y para este efecto se escogió un modelo para los postes de la luz en aluminio y con un diseño marino, semejante a un mástil de barco, que se integrara con el paisaje.

Complementando el diseño se reservó un espacio en la plazoleta frente al Hotel Cacique Toné para levantar un monumento, una cruz en homenaje a la gente de San Andrés como conmemoración del antiguo cementerio isleño que se encuentra en esta zona.

Es importante tener en cuenta que ya se había efectuado la obra de la Avenida Newball y que este paseo, mirando hacia el futuro, debe quedar conectado con el de la Avenida Colombia, una vez se lleve a cabo la peatonalización de un tramo de 900 metros que los separa. Ya existe una propuesta de Fonade para el desarrollo de este trayecto, con lo cual quedaría articulado un gran paseo de cuatro kilómetros de longitud.

Sin duda este proyecto es un maravilloso ejemplo de intervención urbana, que tiene vida propia, cambia, crece y evoluciona. El diseño ha dejado las puertas abiertas para que los isleños se apropien de este territorio y lo enriquezcan. Algunos espacios, reservados para eventos o simplemente para el descanso de los transeúntes, quedaron sugeridos y sólo esperan la intervención del hombre para encontrar allí su lugar.

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