diseño

 

“la única forma de tener una buena idea, es tener muchas ideas” -Linus Pauling.

Al menos, cuando yo siento tener esa exploración hacia mi ser, cuando trato de satisfacer, no lo que colegas comentan de mi obra, sino el gusto de mis propios ojos; es cuando siento encontrar el concepto visual, el balance formal que estaba buscando.

 

A veces, es simplemente buscar que el boceto inicial cumpla con ciertos requerimientos prácticos, pero existe un momento (para el cual podría casi hacer una gráfica y puntualizarlo), donde pierdo el interés de esos requerimientos pragmáticos (o quizá los absorbo e inconscientemente los doy por entendidos) y comienzo a darme gusto, a satisfacer mis sentidos, mi apreciación. Un momento en el que la obra que estoy creando me toma, y me lleva con ella. Un momento en el que incluso la mano sabe ya a dónde moverse, en el que más rápido dejo que el papel se llene de líneas, que sólo la intuición y la necesidad de satisfacer a mis propios ojos me dirige.

Busco que la tinta se absorba en el papel, que el papel se llene de manchas, manchas en las que se genere una textura y en cuya textura pueda perderme con profundidad. Manchas que no digan claramente nada, como renglones que solo parafraseen. Manchas que me vayan llevando a encontrar balances, actitudes, dramas, tensiones. Manchas que me van llevando a la búsqueda profunda de eso que me gusta nada más a mí, y que sólo necesito que me guste a mi, manchas que no me dicen a dónde ir y generan como un laberinto en el que lo único indispensable es no quedarme atrapado, seguir generando ideas.

Genero trazos, colores, que van balanceando el formato. Papel. Líneas que me dicen cómo caricaturizar el objeto, cómo exagerarlo y encontrar su persona, su actitud, su expresión. Esas líneas que no están bien definidas y que sólo viéndolas desde diferentes distancias, llenado espacios vacíos, van diciéndome por dónde buscar. Y trato nuevamente de poner una idea en el papel, pero a veces solo dibujo sin pensarlo, siguiendo mi mano, siguiendo lo que la pluma me va diciendo, llenado, como dije, espacios que requieran llenarse de tinta. Pero otros se quedan vacíos. Es erótico.

Quizá es una recomendación demasiado egoísta, como a mi juicio todo el arte genuino lo es, decir que en la medida que un creador busque satisfacer su propio gusto, va a producir un resultado que tenga un valor apreciable por otros. Y puede oírse un tanto absurdo, que al tratar de satisfacer intereses personales, se logre un producto que encante la apreciación de terceros, pero esto me lleva a otra de las discusiones de mis cursos de diseño: la definición de estética como una relación entre creador-objeto-espectador.

En primer lugar, cuando se crea un resultado que busque satisfacer los intereses del creativo, se va a exteriorizar toda la víscera del artista. Se expresa todo lo que él está buscando en sí mismo. Se mide su gusto, su nivel de búsqueda interna con influencia cultural externa y su capacidad de ejecución. Se mide su cultura, lo que lleva dentro.

En segundo lugar, si la obra goza de una capacidad de ejecución excelente (es decir, cuando el artista plasma exactamente lo que quiere, sin limitaciones técnicas o de habilidad), se logrará que al ser apreciado por un espectador, el objeto establezca una relación de comunicación con él, a la que llamamos estética.

Si el objeto es percibido por el espectador como bello, entonces la relación establecida es positiva, e implica que el observador entienda los motivos de generación o el mensaje que el creador mandó al desarrollar la obra.

Si el objeto es percibido como no bello, entonces la relación creador-objeto-observador, es negativa e implica el fallo del entendimiento entre los tres integrantes del dilema estético.

En mi opinión, cuando la pieza ejecutada viene desde lo profundo de creador, trae consigo una carga emocional, cultural, impregnada de muchas influencias que el creativo absorbe diariamente, y lo más importante: influencias que filtra. El creativo selecciona las influencias culturales que recibe y a la hora de producir las ordena de cierta manera en la que son percibidas e interpretadas por los observadores en distintos niveles de entendimiento. Es un proceso de análisis-síntesis constante. El creador es primero un observador que absorbe información: análisis (y podríamos incluso decir que esto se hace con un hemisferio del cerebro). Después el creador construye con elementos propios, usando las influencias culturales y produce un objeto nuevo: síntesis (con el otro hemisferio del cerebro).

Es entonces, estando la creación empapada del proceso analítico-sintético del creador y siendo entendida por al menos uno de los observadores, cuando yo la considero arte puro. Si el arte va a determinarse por los distintos niveles de apreciación que genere la obra, entonces ésta es una forma de definirlo. El arte es sólo arte cuando es motivo de interpretación personal. En otros códigos sociales, los integrantes de un gremio nos ponemos de acuerdo en establecer parámetros positivos o negativos, pero el arte es sólo apreciado individualmente. Nadie puede criticar lo que a otra persona (con otro nivel de entendimiento de los motivos creativos del artista), le parece bello.

Creo, que cuando partes del proceso de diseño, como bocetos, modelos de trabajo o trazos direccionales, son interpretados por ojos externos al creador, pueden representar arte puro para el observador. Pero se establecerá la relación estética, sólo cuando se entienda el mensaje que el creativo pensó cuando desarrolló la obra.

Una de las partes más excitantes, y en mi opinión quizá la más importante, dentro del trabajo del diseñador industrial, es la generación del concepto. La etapa en la que se definen las proporciones principales, el drama, la actitud, la expresión, la fuerza y en general, todos los valores suaves a través de valores duros. Es decir, cuando se definen los valores intangibles (carácter, drama, etc.) mediante la generación de formas que los representan: valores tangibles (ritmo, dimensiones, cóncavo/convexo, etc.).

Sé que en este caso se trata de satisfacer valores de ciertos grupos sociales a los que está dirigido el producto (lo que en marketing llaman el “target group”, o mercado objetivo), pero creo que el creador de la obra busca en la generación del concepto, satisfacer su propio gusto, con toda la exquisitez y refinamiento posible, mediante la producción de formas, con direcciones y tensiones específicas.

Quizá una diferencia clara entre el diseño y las artes plásticas puras, es el desarrollo de obras individuales. El diseñador muchas veces trabaja en equipo, cuando el artista plástico lo hace sólo. Pero en ambos campos, existe el momento creativo en el que se busca abrir un cajón del interior y buscar recovecos, responder preguntas y sacar algo, que quizá sin ser la respuesta misma, genere en el observador la necesidad inquieta de responder.

Esa etapa del proceso de diseño, en la que a veces nos alejamos de los parámetros pragmáticos, y nos concentramos en la creación de la personalidad del objeto, es la que yo considero de creación artística, en muchas ocasiones pura.

En la industria automotriz, cuyo soporte tecnológico es quizá uno de los más fuertes en el sector industrial, existe un proceso de creación de nuevos modelos en el que la producción se da el lujo de hacer experimentos y buscar conceptos completamente nuevos. En dicho proceso, hay una carga artística muy alta. Evidentemente hay niveles de creación y apreciación (y me molesta hablar de arte cuando se involucra la palabra mercado). Pero el proceso de creación individualista, en el que hay un creador satisfaciendo su gusto (incluso cuando no esté plenamente en acuerdo con el modelo pedido o sus especificaciones), se da con extrema plenitud en el desarrollo de un nuevo automóvil. Y se da de igual modo en industrias en las que los diseñadores presentan sus propuestas y las evalúan, para posteriormente tomar decisiones y pasar a etapas con mayor labor de ingeniería y otros procesos. Se da siempre y cuando, haya que escalar peldaños en un proceso de creación, y sea necesario descartar propuestas en la constante búsqueda del refinamiento.

Obviamente el diseño, como actividad profesional, implica una serie de consideraciones técnicas que van más allá de la creación puramente plástica, estética. Pero creo que en la medida que se dominen o incluso se dejen de lado (para ser atendidas por otros expertos del equipo de trabajo) estas restricciones que deben ser tomadas en cuenta para producir un objeto efectivo, no solo bello, se desarrollará un trabajo de diseño cargado de mayor aporte cultural.

Evidentemente estas consideraciones técnicas (ya sea de manufactura, de ergonomía o de funcionamiento), aportan en muchas coacciones elementos clave que al ser traducidos a eventos formales, generan mensajes que son apreciados por observadores más exigentes. Por eso, a veces se consideran obras de arte, productos con elaboraciones artesanales e ingenieriles altas, como el Ferrari 360 Módena o los relojes Patek Philippe. En otras ocasiones, cuando los objetos producidos logran involucrar profundamente al espectador por motivos de apreciación material, simplemente lo cautivan o arrebatan por su poder expresivo, como el gusto que solo tienen algunos vinos.

Creo que podría decir finalmente, que un objeto de diseño industrial, es arte, cuando – incluso aislado de su contexto – su fuerza expresiva y abstracta, genera en el espectador motivos para imaginar. Y cuando en su conjunto, el objeto logra ser una obra digna de la apreciación, generando más preguntas que respuestas en el espectador, cuando lo excita, cuando lo inspira.

“la imaginación es más importante que el conocimiento” –Albert Einstein.