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ARQUITECTURA

PARAÍSO CONTEMPORÁNEO

Esta casa, de generosas proporciones, aloja con facilidad grupos grandes o pequeños de visitantes. Su diseño se propuso privilegiar el paisaje, tanto adentro como afuera.

Texto: Paula Riveros
Fotografía: Fernando Gómez/surpressagencia.com
Producción: Mariana Rapoport

 

 

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Sobre la costa pacífica chilena, en Huentelauquen, se alza esta obra pensada para que una gran familia, compuesta por tres generaciones, pueda pasar largas temporadas de veraneo en recogimiento y tranquilidad. La sencillez y pureza de sus formas resulta impactante por el vanguardismo de su carácter, que además contribuye a que se instale en contraste con el paisaje agreste.

Los profesionales Juan Luzoro, Federico Novoa y Diego Pitters, del estudio chileno DX, están detrás de la creación de esta vivienda, admirable desde cualquier ángulo. Los clientes, una pareja de profesionales que buscaba la mezcla ideal entre un depurado diseño y la comodidad total en este hermoso pero salvaje paraje, dieron en el clavo al confiar su proyecto en las manos de los jóvenes integrantes de DX. “Necesitábamos diseñar una segunda residencia, la de vacaciones, muy confortable; que fuera un lugar de reunión familiar adecuado para la contemplación y el silencio. Teníamos que lograr espacios que propiciaran el equilibrio entre el encuentro con uno mismo y las reuniones familiares, frente a una naturaleza omnipresente”, dicen los arquitectos.

Así, los expertos, especializados en crear viviendas coherentes con su emplazamiento y armónicas con el estilo de vida de los habitantes, tomaron como punto de partida las características particulares del terreno: un paisaje sobrecogedor, el relieve ondulado costero, la majestuosidad del océano Pacífico y la vegetación y los colores propios del paisaje que antecede al desierto extremo. Disfrutar de la vista desde todos los rincones, generar la calidez de un segundo hogar y proteger los espacios del clima corrosivo y los fuertes vientos representaban los mayores retos a la hora de trazar planos.

Otros eran las necesidades particulares de la familia, que quería tener una casa versátil, de forma que cuando se viviera en pareja no se sintiera vacía y solitaria; pero que, cuando albergara a la gran familia, resultara generosa y práctica.

Atendiendo todos estos elementos, Luzoro, Novoa y Pitters plantearon una casa formada por dos volúmenes de dos pisos cada uno, cuyo nexo es una galería transparente que no sólo sirve de eje y de acceso a la vivienda, sino que además cumple la función de corredor entre ambas partes. Cuatro alcobas con cuatro baños, más el área social de sala, comedor y cocina se distribuyen entre las dos alas del edificio de tal forma que puedan funcionar por separado, teniendo por un lado la alcoba principal con los servicios indispensables, y por el otro, las habitaciones de huéspedes. Como complemento de esos espacios, un jardín interior y una terraza al aire libre pero protegidos, permiten gozar del exterior sin sentirse expuesto a la agresiva intemperie. “En cuanto al manejo de la vista, buscamos que cada área de la casa enmarcara fragmentos del paisaje, creando relaciones únicas entre el interior y el exterior”, explican los arquitectos. En total se construyeron 280 m2 en un vasto terreno de 6.000 m2.

Uno de los conceptos más interesantes aplicados en el diseño de esta obra, fue el de la domesticación. Inspirados en la imagen del zorro, personaje de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, los arquitectos pensaron que en la relación habitantes-naturaleza salvaje debe existir una domesticación mutua, en la que ambos se entreguen generosamente para dar pie a hábitos y necesidades recíprocas. En este proyecto arquitectónico la construcción es lazo de esa “solidaria comprensión”, pues constituye la base del trato entre ambos. El diseño de esta casa favorece la gentil comunión entre el ser humano ávido de un valor espiritual y la naturaleza desbordada.

El respeto por el hábitat se hizo fundamental en la elección de materiales. “Buscamos conseguir una simbiosis con el entorno a través del uso del color aplicado al material. Quisimos establecer una metáfora en la apariencia de la casa al recrear el juego de tonalidades que presentan las formaciones rocosas del lugar, transformadas por el vaivén de las mareas. Conseguimos texturas que van del gris pétreo claro y seco, a uno oscuro y humedecido, casi como un verde-negro. Tuvimos esencial cuidado en todas las fachadas, en donde utilizamos materiales duros y ásperos, pensando en un brutalismo como manera de domesticar el paisaje brutal”, anotan los DX. Por eso, el concreto armado, el aluminio, la piedra y el vidrio, materiales nobles pero resistentes a las inclemencias, se encuentran en todos los ambientes, conjugados con toques de madera oscura en el interior, que brindan la calidez y familiaridad al hogar. Para rematar, una decoración sencilla, clásica y confortable, sin estridencias de color, que resulta serena y amable. El bajo mantenimiento en todas las estancias también fue indispensable en la selección de materiales.

Para los arquitectos, esta obra sobria y sorprendente se desarrolló en los parámetros del maximalismo, por sus dimensiones y su presencia. Sin embargo, por sus características antiloft, cada espacio interior tiene su propia función e independencia, y todos son igualmente cálidos e íntimos. “En esta vivienda la relación entre el interior y el exterior es intensamente estrecha, y el límite entre ambos es tan sutil que se pierde”, dicen los arquitectos. Así, el exotismo de afuera se funde con el recogimiento de adentro, lo cual da lugar a un hogar contagiado de la magia del remoto paisaje austral.