La Ciudad y la composición del espacio público.

Borja Jordi, El Espacio Público: Ciudad Y Ciudadnía. Ed. Electa. Barceloana 2003

El desarrollo desenfrenado de las ciudades y la poco acertada planificación de las mismas, ha llevado al menoscabo del espacio público. Antiguas y amplias áreas libres de las ciudades no fueron adecuadamente utilizadas y pensadas como espacios abiertos que se debían conservar y aún mejorar para el bien común. Por el contrario fueron y siguen siendo construidas sin considerar la importancia que tiene el espacio público para el desarrollo de las relaciones interpersonales y el esparcimiento de los habitantes de cada ciudad.

La concentración de la población mundial en los centros urbanos conlleva a una mayor densificación habitada con un claro detrimento del espacio público en las áreas urbanas.

“El espacio público define la calidad de la ciudad, por que indica la calidad de vida de la gente y la calidad de vida de sus Habitantes.
¿Qué es un puente? Preguntaba el falsamente ingenuo Julio Cortázar. Y se respondía: una persona atravesando un puente. ¿Qué es una ciudad? Un lugar con mucha gente. Un espacio público abierto y protegido. Un lugar, es decir, un hecho material producto de sentido. Una concentración de puntos de encuentro. En la ciudad lo primero son las calles y las plazas, los espacios colectivos, sólo después vendrán los edificios y las vías (espacios circulatorios).

Los egipcios representaban la ciudad como un jeroglifico. El círculo representa el lugar, la comunidad de personas, la organización política, la identidad cultural. La cruz representa los flujos, el intercambio, las movilidades, las relaciones con el exterior. La síntesis de lugares y flujos se realiza en el espacio público, lugar de la cohesión social y de los intercambios.

Decir que la ciudad es la gente es ya un tópico, una expresión atribuida entre otros a Sófocles, Shakespeare y Goethe. Y en este caso gente no sólo quiere decir tamaño y densidad, es decir una concentración más o menos grande de personas, sino también diversidad, heterogeneidad, relación entre individuos y colectivos diferentes. Desde Aristóteles, que en su texto La Política defendía que la ciudad debe estar compuesta por diferentes clases de personas, que no existe la ciudad si la población se asemeja mucho. Hasta Louis Wirth que en su texto clásico Urbanismo Heterogeneidad Social. La filosofía y la sociología coinciden en enfatizar la ciudad como lugar donde se concentran y conviven las diferencias de origen, de aptitudes, de actividades… admitiendo también que esta diversidad favorece lo imprevisible, introduce desorden y hace más posible la innovación.
Para Habermas, la ciudad es sobre todo el espacio público donde el poder se hace visible, donde la ciudad se fotografía, donde el simbolismo colectivo se materializa. La ciudad es un escenario, un espacio público que en cuanto más abierto esté a todos, más expresará la democratización política y social. En consecuencia tanto Habermas como Sennet llaman la atención sobre las dinámicas privatizadoras del espacio urbano como una negación de la ciudadanía que supone el reconocimiento de los ciudadanos como sujetos activos e iguales de la comunidad política, a los que se reconoce el derecho y la posibilidad real de acceder a la diversidad de ofertas urbanas.
La diversidad hace posible el intercambio y tiene como condición que haya un mínimo de pautas comunes- de civismo- que posibilitan la convivencia. Los dos elementos citados, el intercambio o la ciudad como mercado de productos, servicios e ideas, y el civismo o las pautas culturales comunes se expresan y necesitan el espacio público. Sin excluir la transgresión sin la cual no hay apertura al cambio.
La ciudad es entonces urbs, concentración de población, y civitas, cultura, comunidad y cohesión. Pero es también polis, lugar de poder, de la política como organización y representación de la sociedad, donde se expresan los grupos de poder, los dominados, los marginados y los conflictos. El espacio público, como dice Pietro Barcellona, es también donde la sociedad desigual y contradictoria puede expresar sus conflictos. La expresión del conflicto permite sentirse ciudadano, como decía el manifestante de Paris citado y la ciudad como espacio público no es solamente representación, es también escenario del cambio político.”

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